2 de febrero 2014

 
PHOTO: LAURENCE FREEMAN
 
Un extracto de John Main OSB, “Death and Resurrection,” MOMENT OF CHRIST (New York: Continuum, 1998), pp. 68-69.
 
Toda la tradición Cristiana nos dice… que si nos quisiéramos volver sabios tendríamos que aprender la lección de que aquí no tenemos “una ciudad permanente”… [debemos escuchar lo que los  sabios del pasado  y de ahora nos dicen: para estar enfocados en la vida, debemos tener enfocada la muerte. Hablar de la muerte es difícil de entender para la gente de mundo. De hecho, la fantasía principal de lo mundano opera desde el punto de vista opuesto: no desde la sabiduría de nuestra propia mortalidad sino desde la fantasía de que somos inmortales, más allá de la debilidad física.
 
La meditacion es un medio poderoso pues es el camino para entender nuestra propia mortalidad. Es la manera de poner nuestra propia muerte en perspectiva. Y puede hacer esto porque es el camino que trasciende nuestra propia mortalidad. Es el camino más allá de nuestra propia muerte hacia la resurrección, hacia una nueva y eterna vida, la vida que resulta de nuestra unión con Dios.
 
La esencia del evangelio Cristiano es que estamos invitados a esta experiencia ahora, hoy. Todos estamos invitados a morir a nuestra auto importancia, nuestro egoísmo y nuestras limitaciones. Estamos invitados a morir a nuestra exclusividad….Nuestra invitación a morir es también una invitación a levantarnos hacia una nueva vida, comunidad, comunión, a una vida plena y sin temor. Supongo que sería difícil estimar a qué es lo que la gente tiene más miedo, la muerte o la resurrección. Pero al meditar, perdemos nuestro miedo porque nos damos cuenta que la muerte es muerte al miedo y la resurrección es levantarnos a una nueva vida.
 
Cada vez que nos sentamos a meditar entramos en este eje de muerte y resurrección. Lo hacemos pues en la meditacion vamos más allá de nuestra propia vida y de las limitaciones de nuestra vida y entramos en el misterio de Dios. Descubrimos, cada quien desde nuestra propia experiencia, que el misterio de Dios es el misterio del amor, amor infinito – amor que hecha fuera a todo temor.
 
Después de la Meditación:   San Agustín, Sermones,  THE ROOTS OF CHRISTIAN MYSTICISM, Olivier Clement (London: New City, 1995), p. 249.
 
El miedo es un sufrimiento que nos oprime. Pero mira la inmensidad del amor.
 
Traducido por Enrique Lavin