19 de octubre 2014

PHOTO: LAURENCE FREEMAN

 

Extracto de Laurence Freeman, OSB CHRISTIAN MEDITATION NEWSLETTER, Vol. 34, No 3, Octubre 2010 págs. 4-5
 
El otro verdadero es esencial para la mente mística y amorosa. La alteridad estimula la mente a soltar sus puntos de fijación y a expandirse más allá de si misma, ampliando la visión que tenemos del mundo y de nosotros dentro  de él. En la faz del otro tenemos que renunciar a la fama de dramatizarlo. Esto es un poco de lo que entiendo del término “una mente católica “, debido a que ha estado frente al otro que no podemos describir o controlar. La mente católica busca incluir en vez de rechazar, aun cuando encuentra tal abismo de diferencias con el otro, que se retira de él y lo encuentra equivocado y amenazante(….)
Nos volvemos católicos en este sentido de plenitud y aceptación solo a través del crecimiento, que significa pasar por las etapas de sanación e integración. Así que ninguno de nosotros es católico aún, ni siquiera el Papa. Tenemos un camino por avanzar. Pero el proceso alternativo al perdón es la mente sectaria que deshumaniza al otro y a través del miedo y el placer del poder, niega su subjetividad pura, su alteridad y su existencia. Social e históricamente, hemos hecho esto a los inmigrantes, a los judíos, a los homosexuales y otras minorías fácilmente atacadas,  pero también a la mitad de la raza humana a través de la exclusión patriarcal de las mujeres. 
 
Al hacer estas cosas, nos excluimos del todo y por lo tanto del Único Santísimo. Dios siempre es sujeto, el gran “Yo Soy”, inmune a nuestros intentos para  despersonalizar y manipular. Encontramos a esta emanación pura del ser en nuestro silencio profundo, no en una ideología o abstracción, sino en formas diversas, básicamente uno en el otro y en la belleza y maravilla de la creación, el océano del ser, del sufrimiento y dicha, en que nosotros y aun el creador hemos nadado. 
 
Debido a que el perdón requiere profundidad y la profundidad silencio, perdón, reconciliación, la mente católica….mismas requiere contemplación. El pensar en la contemplación como un tipo de lujo, relajación u ocupación del tiempo ocioso equivoca completamente el significado del desarrollo humano como  la única forma que tenemos de glorificar a Dios. Como podemos “glorificar a Dios” por lo que decimos o hacemos? Solo podemos reflejar a Dios la gloria divina potencialmente almacenada en nuestro ser. San Juan de la Cruz dice que el alma es como una parcela cerrada.  Desenvolverla es la forma en que glorificamos a Dios—básicamente a través de la participación total en la vida y visión de Dios. Nosotros meditamos, decía San Juan, para volvernos las personas que Dios sabe que somos. Nos volvemos uno con el dador generoso del regalo al regresar el regalo al donador para entonces encontrar el regalo que contiene.   
 
Después de la Meditación. “Cup and Ocean”, “THE SOUL OF RUMI: A NEW COLLECTION OF ECSTATIC POEMS” (New York: HarperCollins, 2001) pág. 155
 
Estas formas que parecen que somos 
son copas flotando en un océano
de conciencia viva
Ellas se llenan y se hunden sin 
dejar un arco o burbujas o
Algún aerosol de despedida. Lo que somos es este océano, 
demasiado cerca para ver,
Aunque nadamos en él y lo bebemos.
No seas una copa con el borde seco, o 
alguien que monta toda la noche
Y nunca conoce el caballo
Que está bajo sus piernas, 
el impulso que lo lleva hacia adelante