14 de mayo 2017

Un fragmento de Laurence Freeman OSB, “Health and Wholeness” de la serie de pláticas de Meditatio 2015A enero-marzo, pág. 27-28 en WCCM.org


El conocimiento espiritual es el resultado de la atención total “Pon tu mente en el reino de Dios ante todo y el resto te será dado por añadidura.” (Mateo: 6:33) El conocimiento espiritual es una forma de percepción que surge de un centro de conciencia despierto y claro: “Permanece quieto y sabe que soy Dios.” (Salmo 46:10) Surge de la quietud más que de la actividad intelectual, y está marcado por las cualidades contemplativas del silencio, la quietud y la sencillez.

El conocimiento espiritual no es lo mismo que la creencia religiosa. La creencia religiosa sin el conocimiento espiritual puede ser muy vacío y hueco. El conocimiento espiritual es el resultado de la atención total la cual se podría describir como “una condición de completa sencillez costando nada menos que todo” como lo describió la Madre Juliana. Si algo cuesta todo, ¿con qué nos quedamos? Nada. En las dos parábolas que Jesús usa para describir el reino del Cielo- el tesoro escondido en el campo, la perla de gran precio- la persona vende todo, todo, para comprar la perla o el tesoro. Hay una relación directa entre tener nada y tenerlo todo, entre la pobreza de espíritu, la primera de las Beatitudes, y el reino de Dios.

Por eso es que debemos dejar todo. Y es por eso que, en todas las grandes tradiciones místicas, términos como nada, vació, pobreza, describen lo que encontramos en el viaje. ¡Nada!, ¡Nada!, ¡Nada! Dice San Juan de la Cruz; o Casiano: “Por la continua repetición de este sencillo verso, tú renuncias a todas las riquezas del pensamiento y la imaginación, y vienes con facilidad a la primera de las Beatitudes, pobreza de espíritu.” Así nuestra meditación está en la misma longitud de onda que la sabiduría mística, el conocimiento espiritual.

 

Después de la meditación: poema por Annie Lighthart en IRON STRING (Mommouth, OR: Airlie Press, 2013) pág. 3

LA SEGUNDA MÚSICA

Ahora entiendo que hay dos melodías tocando,
una debajo de la otra, una más fácil de escuchar, la otra 
más baja, firme, más fiel por ser menos escuchada
sin embargo, siempre presente.

Cuando todas las cosas parecen alegres y reales,
esta se disipa. Sin embargo, las notas de ella
tocan tan suave como las yemas de los dedos, como el sonido
de los nombres que se ponen a cada  niño al nacer.

Quiero quedarme en esa música sin buscar refugio. 
Si la verdad de nuestras vidas es 
lo que está tocando, el dicho es tan suave
que este tiempo mortal, este cambio irrevocable,
se vuelve hermoso. 

Paro y vuelvo a parar para escuchar la segunda música.
Escucho a los niños en el jardín, un tren, entonces pájaros.
Todo esto es y se irá. Pongo mi oído a ella como 
lo haría a un corazón. 

 

Selección: Carla Cooper

Traducción: Guillermo Lagos