23 de julio 2017

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De “The Silence of the Soul”, por Laurence Freeman OSB en THE TABLET 10 de Mayo de 1997


Nuestros pensamientos, temores, fantasías, esperanzas, enojos y atracciones están todas surgiendo y cayendo momento a momento. Automáticamente nos identificamos con estos fugases o compulsivamente recurrentes estados sin pensar en que estamos pensando. Cuando el silencio nos muestra cuán poco confiables en realidad son estos estados pasajeros, nos enfrentamos a las difíciles preguntas de quiénes somos en realidad. Luchamos con la terrible posibilidad de nuestra propia no-realidad.

El pensamiento Budista hace esta experiencia —lo que llama anatman o “no-ser”—uno de los pilares centrales del camino a la liberación, del sufrimiento a la iluminación. El practicante Budista es motivado a buscar este sentido de trascendencia interior y más que alejarse de ella,  zambullirse en ella, como hicieron los grandes místicos Cristianos. Comprensiblemente, anatman es el concepto Budista con el que tenemos más problemas en comprender. Qué tan absurdo, qué tan terrible,  qué tan sacrílego es decir que no existo. De hecho, el principal antagonismo del Cristianismo con anatman carece de fundamento o está basado en una malinterpretación. No quiere decir que no existimos, sino que no existimos en una forma autónoma e independiente, la cual es el tipo de existencia que le gusta al ego imaginar que posee.

No existo por mí mismo porque Dios es el fundamento de mí ser. A la luz de este conocimiento leemos las palabras de Jesús con una percepción más profunda. “Si alguien quiere ser mi discípulo, debe dejar atrás su ser; debe tomar su cruz todos los días y venir en pos de mí; quién pierda su vida por mi causa la salvará”. Si podemos abrazar a través del silencio la verdad de anatman, descubriremos que la consciencia, el alma, es mucho más que este increíble sistema capaz de computar, calcular, y juzgar que es el cerebro. Somos más que aquello que pensamos.

 

Después de la meditación, de THE DHAMMAPADA, “The Path”, versos 276-279 editado por Anne Bancroft (Rockport, MA: Element, 1997), pág. 81

Debes hacer el esfuerzo, solo los conscientes marcan el camino. Aquellos que han entrado en el camino y quienes meditan, se liberan a sí mismos de las ataduras de la ilusión.

Todo está cambiando. Surge y muere. Aquel que se dé cuenta de esto se libera de la tristeza. Este es el camino de la iluminación.

Existir es conocer el sufrimiento. Dense cuenta de esto y libérense del sufrimiento. Este es el camino radiante.

No hay un ser separado que sufra. Aquel que entienda esto será libre. Este es el camino de la claridad.

 

Selección: Carla Cooper

Traducción: Guillermo Lagos